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27.5.18

Oreo

Siempre me han gustado las galletas Oreo
pero esto ya es otro nivel

Eu sempre gostei dos biscoitos Oreo
mais isto ja é demais


I've always liked the Oreo cookies
But that is the next level





¡Y además fuma!

E além, ta fumando!

And she is smoking!




25.4.18

Voyeur

El amor más sincero
es la entrega al placer ajeno.
Por eso disfrutamos ver
y a veces sólo ver

O amor mais certo
é a entrega ao prazer alheio.

Por isso desfrutamos olhar,
e as vezes, só olhar


The most sincere love
is our surrender to the others pleasure.
That's why we enjoy seeing
and sometimes, just seeing










cómo alguien hace gozar a quien amamos...

cómo alguem faz gozar a aquele que amamos...

how someone makes our beloved enjoy...

9.2.18

Hambre - Fome - Hunger

Desde ahora,
puedo jurarlo,
nunca irás a dormir

Daquí pra frente,

eu posso jurar,
nunca vai dormir


From now,
I promise,
you will never go to sleep














sin haber comido.

sem ter comido.

without having dinner.

30.1.18

Circo - Circus

Dicen que trabajar en un circo es apasionante

Dizem que trabalhar no circo é uma paixão

Sounds like working at the circus is just passion  

 



¡Pero estos muchachos practican demasiado!

Mais essa galera pratica demais!

But those ones are practicing too much!

30.9.17

Muchas veces


Gracias por la poesía a su autora,  Crystal f .



Déjame aprisionar tu hombría
con la tersura de mis senos
y paladear despacio tu piel
con la punta de mi lengua.







Dale libertad a mis ansias
mientras muerdes mi cuello
en un arrebato de placer
y prometo que dejaré abierto
el cielo de mis ojos para ti.



































Explora en la profundidad
de mis entrañas y escribe
tu nombre, letra por letra,
sobre la redondez de mi cuerpo.

















































Ahora, haz que mis gemidos
se escuchen en la lejanía
y entonaremos un cántico
de erotismo en el silencio,
allá donde nada existe
y donde el tiempo deja de ser
cuando cabalgas en mis muslos




























una y otra vez, muchas veces.

1.7.17

Lección - Lição - Lesson




















































- Y así es como se hace una mamada, hermanita...

- E assim é que se faz um boquete, maninha...


- And that's the way you make a blowjob, my sis...

12.5.17

Mamada II - Boquete II - Blowjob II

Tu boca es la fuente
de todas las delicias

A sua boca é fonte
de tuda delizia


Your mouth is the source
of every delight








¡Me haces delirar!

¡Você me faz delirar!


You make me delirious!

27.4.17

Mamada - Boquete - Blowjob

Al final de la penitencia
estamos listos,
se reanuda nuestro juego

Ao fim da penitência
estamos prontos,
recomeça o nosso jogo

Finished the penalization
we are ready,
our game restarts











 


...y llega el desahogo

...e chega o desabafo


...and comes the alleviation



10.9.16

Invasión

Juego contigo
te envío mensajes
imágenes
implanto ideas en tu mente
y sientes el deseo
quemándote el vientre

En la noche
cuando nos encontramos
sólo puedes pensar






en hacer que me derrame...

29.8.16

Lecciones para Juliette

Extractos de "Juliette o las prosperidades del vicio", del Marqués de Sade


"Se llama conciencia, mi querida Juliette, a esa especie de voz interior que se eleva en nosotros por la infracción de algo prohibido... 






...sea de la naturaleza que sea: definición muy simple y que, a primera vista, ya demuestra que esta conciencia...































...no es más que la obra del prejuicio recibido por la educación...





...hasta tal punto que todo lo que se le prohíbe al niño le causa remordimientos en cuanto lo viola...











































... y conserva esos remordimientos hasta que el prejuicio vencido le haya demostrado... 

































...que no existía ningún mal real en la cosa prohibida."

15.5.15

Sabor

Dicen que si el hombre ha consumido frutas, especialmente piña, este manjar también será dulce...





No desperdicies ni una gota, amor... ¡sé que te encanta!

4.2.07

Te perdono

.
Que hayas tomado
sin permiso
mi corbata
.
Que hayas reservado
el hotel
con mi tarjeta
para este juego
.
Puedo incluso perdonar
cuando
en casa
mojas mi cama
con extracto de mujer
.
Pero no puedo perdonar
que pongas
esos ojos
cuando yo
no puedo verte
.
.
Perdono, en cambio
que
enervado
por tu pericia
yo
no pueda
abrir los míos

23.11.06

Visitas

.
Todavía recuerdo tu rostro.
.
Cuando la viste...
no importó que fuese mi ex novia:
enseguida se gustaron
. . .
Cuando volví
de la cocina
con una cuba libre
en cada mano
y encontre
el espectáculo
más bello
.
.
.
.
supe que
esa noche
la visita
se quedaría a dormir
lo que no sabía
era si
con ustedes jugando
.
..
yo podría dormir

28.9.06

Quizá lo que más me gusta




Es que tú lo disfrutes también
que te disuelvas en mí
que tu boca sea para mi placer
que tu saliva cubra todo


que libes de mi manantial...

3.9.06

Nueve días

No nos habíamos visto en... a ver... nueve días.

¡Falso!
Nos vimos ayer, pero no pudimos pasar del beso en la mejilla con el que nos saludamos siempre que están presentes nuestras respectivas parejas. O alguno de los dos. O alguien que nos conozca. Mierda. No nos habíamos tocado en nueve días.
Ella lleva 5 años de tranquilo matrimonio con Israel, un tipo estupendo, y al que sinceramente me da un poco de lástima lo que le estamos haciendo, pero esa es otra parcela de mi vida y no viene a cuento. A mi mujer, Yudith, no le guardo ninguna lástima. Fui el cornudo más cornudo de todos durante la mitad de nuestro noviazgo, y me enteré de todo hace un año, a dos meses de habernos casado. Ella no lo sabe, pero ya adelanto el divorcio.
En fin, que Maricruz y yo nos vimos ayer. Fuimos a una cena de la fundación a la que ambos pertenecemos, en la cual brindamos atención a los niños seropositivos. Cualquiera que tenga una pareja habitual y esté sano sabe que, tras nueve días de dura abstinencia, nadie en su sano juicio se somete a la tortura de acercarse a la pareja sin poder tocarla siquiera. Eso fue lo que nos pasó esa noche. Estaba hermosa, con su cabello por debajo de la media espalda, cubriendo la piel que tantas veces besé desaforadamente, encabritado en el deseo que esa mujer despierta en mí. El vestido dejaba al descubierto su torso hasta el final de su cadera, a un dedo del punto en que nace la hendidura entre sus nalgas, y sin embargo, Israel no parecía notarlo.
Ahí estaba la clave. El matrimonio entre ellos era tranquilo. Demasiado. En cinco años él apenas la habría tocado 20 veces, y una mujer tan hermosa y joven como Maricruz no merece que sus encantos se desperdicien tan absurdamente. Porque Mary –así la llamo en nuestra cama- es una chica encantadora: 27 abriles, morena de cabellos lisos y largos, rostro ovalado, senos desafiantes y firmes, nalgas que enganchan miradas en la calle y unas piernas firmes, resultado de la hora y media que dedica cada mañana al trote.


Tras la cena, tenía una sensación de desasosiego en el cuerpo; el deseo me quemaba por dentro, me inflamaba y me producía una fuerte opresión en toda la zona genital. Algún entendido en el Tao me dice que el exceso de energía Yang me produce esos malestares. Yo creo que sen
cillamente se me alborota el deseo y al no poder despejarme, toda esa excitación deja su hinchazón en mis bolas.
Mary cruzó, mientras me servían una trucha –hay que decirlo, exquisita-, sus dos piernas por debajo de la mesa alrededor de una de las mías. Ese contacto primario, sutil, encantador, fue suficiente para infundir una oleada de sangre en mi pene, que erectó inmediatamente y permaneció adolorido, como pidiendo relajarse, hasta hoy.
Esta mañana Yudith salió temprano, a su oficina, en donde trabaja hasta entrada la tarde. Yo tenía el día libre y me quedé en casa, no sin enviarle un mensaje de texto a Mary para informarle la buena nueva. Llegó en cosa de media hora. Israel estaba en la oficina y ella entraba más tarde. Disponíamos de 3 horas...
Cuando la sentí llegar, mi pulso se disparó en adrenalina, ¿180, 190 pulsaciones por minutos? ¿qué importa? La emoción me dominaba, el temblor de mis manos no me dejaba abrir la puerta pero, gracias a Dios, estaba abierta, así que ella lo hizo. Cuando la tuve entre mis brazos sentí que mi pecho se reventaba, que mi alma no estaba en su lugar, que se salía mi vida por la boca y se me escapaba en el beso que, por fin, lograba darle.

Nuestras lenguas se encontraron en la humedad de su boca, recorriéndose, fundiéndose y encajándose una en la otra. Luego la suya en mi boca hizo estragos con mi paladar... los oídos en zumbido permanente... hacía rato que no era dueño de mis movimientos ni mis sentidos.
En 5 minutos estábamos en la alcoba, aún vestidos pero mojados de sudor; tal fue el calor del primer contacto... la blusa de ella, fina, blanca, transparentaba sus pezones duros, enhiestos, como llamando a ser comidos... y eso hice. No sé donde cayó la tela, y me bebí con ansia el sudor que corría de su cuello y hombros hacia abajo, besando inmisericorde sus senos que, pequeños y firmes, se hallaban turgentes por el trabajo de mi lengua sobre ellos... El aroma a sexo inundaba nuestros espacios.
Camisa y pantalones no duraron mucho en su lugar. Mary me sacó la ropa en segundos, sin tardanza procedió a lamer mi pecho y mi abdomen, que conservo bastante plano a pesar de haber abandonado el gimnasio hace meses... Siguió corriente abajo y entre sus manos liberó de su prisión al causante del bulto en mis boxers. Estaba erecto y pleno, duro, salvaje, henchido yo de placer e hinchado mi pene de urgencias.
Cuando quise sacar la mínima prenda que tenía bajo su falda, caída hacía rato a un lado de la cama, ella no lo permitió, y con un guiño se arrodilló frente a mi, para dedicarse con fruición a lamer mis testículos, sin dejar escapar un milímetro de la delicada piel que los cubre. Yo exudaba líquido pre seminal como una fuente. Eso me mantenía perfectamente lubricado mientras Mary cubría y descubría el glande con su mano izquierda (es zurda), brindándome un mar de sensaciones.
-Te amo, Enrique- soltó entre una lamida y otra, sorprendiéndome y erizando mi piel entera, porque esa palabra había estado proscrita entre nosotros debido a las circunstancias de nuestra relación.
-Yo también te amo, Mary, ya no concibo mi vida sin ti.
Por toda respuesta ella metió el rojo glande en su boca y succionó lentamente todo el tallo, hasta engullir su total extensión, lo que provocó un grito de mi parte, porque el placer que sentía era prácticamente insoportable.
Casi a la fuerza la despegué de mí y la obligué a acostarse en la cama, con las piernas colgando, posición que me permitió devolverle el tratamiento. Me extasié en los aromas que de su cuerpo emanaban, aspirando el aire que la rodeaba y lamiendo lugares precisos de su barriguita, en donde yo sabía que le provocaba unas cosquillas excitantes, que para nada dan risa, sino que calientan enormemente. Y el cuerpo de Mary lo conozco de memoria.
Al llegar a su vulva me abrí paso con la punta de la lengua, de abajo hacia arriba, sorbiendo sus jugos de sabor acre y salado, invocando sensaciones increíbles en ella, que se contorsionaba como una posesa al borde del orgasmo. Pero ella no tenía por qué controlarse, así que, dejándose llevar por mi lengua, estalló en su primer clímax, que abrió para mí las puertas de sus labios menores, en un baño de su elixir vital. Gritó con fuerza que siguiera, que no me detuviera jamás, que por favor mi lengua no la abandonase, que no me separase de ella. Yo la complací y seguí sorbiendo, ungiendo mi boca con el agua bendita de su sexo ardoroso.
Bajé mi boca para lamer el anillo de cobre que limita su otra hendidura. Lo sentí con la punta de mi lengua e intenté penetrarlo, lo que prácticamente la volvió loca. Gemía y repetía: ¡qué rico te siento, papi!, mientras yo la humedecía una y otra vez por su fruncido ano. En minutos sentí que estaba lista para un nuevo orgasmo, pero ahora quería disfrutar su cuerpo con todo mi cuerpo, así que la hice subir en la cama y me alcé sobre ella, apuntando con el ariete su entrada, frotándola dulcemente, sin pausa ni reposo, firme y enhiesto junto a su fisura, haciendo presión sobre la bifurcación que se abre tras el clítoris.
Entonces la penetré por primera vez en nueve días. Su vagina me abrazó como un forro hecho a la medida, flexible y suave, pero suficientemente apretado como para hacerme sentir que el paraíso estaba ahí, entre sus piernas. Aunque ya conocía su gruta, esta vez la sentía mucho más cálida y acogedora. ¿Cómo pudo decirse alguna vez que el sexo era pecaminoso, por amor de Dios?
No podía evitar moverme, de adelante a atrás, mientras sentía que volaba, que el tiempo no existía, que el abrazo en que nos fundíamos podía ser eterno y que nada nunca haría correr el tiempo. Perdidos en nuestro trance extático, nos agitábamos frente a frente, besándonos, amándonos, lamiéndonos sin fin, hasta que sentí que se disolvía y que sus jugos manaban de nuevo alrededor de mi pene, que sintió quemarse en la lava candente que lo rodeaba. Esa sensación de quemadura dulce fue el detonante de un disparo que había estado engatillado desde que nos vimos.
Ella, debajo, gritó a los cuatro vientos su éxtasis, su orgasmo devastador y sublime, que la elevó y a un tiempo la aplastaba contra el suelo en su efecto destructor de la realidad y creador del hechizo enamorado. Yo, arriba, sentí mis oídos trancarse como si me encontrase a metros de profundidad en el mar. Ella, ella es el mar. Yo un pez atrapado en su red, y sobre ella, descargaba mi energía acumulada, mis ansias inmensas de tenerla. Aunque ella me tuviese a mí, aunque perdiese el control y, junto a un gutural gemido de placer, de liberación, gritase, como estaba gritando, mi amor y mi furia de que no fuese sólo mía.
Estabamos exhaustos pero felices. Despertamos cuando Yudith gritó "¡qué coño está pasando aquí!", mientras Israel, casi desnudo y lleno de pintura de labios, aparecía detrás de ella en el umbral del cuarto.

16.8.06

Laura, el amor universitario

Recuerdo que sus ojos eran hermosos. Una especie de aureola amarillenta rodeaba sus pupilas, y de ahí hacia afuera el color decantaba hacia un gris azul que era motivo suficiente para adorarla. Delgada, blanca y rubia, era exactamente el modelo de mujer que había deseado desde pequeño y ahora, a mis 17, estaba allí, ofreciéndome su mano para enlazarse con la mía.
La acababa de conocer en la universidad 15 días atrás y sin que yo supiese muy bien cómo, ya era mi novia. La llamaré Laura. Es mayor que yo por un año y cumplimos en días muy cercanos. A ambos nos rige Escorpio, el signo de la sexualidad. Y en verdad nuestros juegos eran muy fogosos. Aún no habíamos tenido sexo; sólo habían pasado dos semanas, pero las caricias, los besos y nuestra picardía, incluso frente a los demás, predecían inequívocamente nuestras ganas. Estábamos que nos comíamos.


Esa tarde Laura y yo nos habíamos reunido con Dilia, otra compañera de clases, para hacer un trabajo de investigación que estaba bastante adelantado, así que llegamos a la casa de Dilia a eso de la 1:00 p.m. con muy buen humor y dispuestos a pasar una tarde agradable, con mucha paz. Una hora más tarde nuestra amiga se puso una pintura roja en la boca, se maquilló un poco y anunció que saldría de casa porque debía comprar bebidas, así que se fue. Para nuestra sorpresa, cerró la puerta principal con llave y se despidió burlonamente, diciendo: "Disfruten, tienen tres horas para ustedes solitos"...
Laura y yo nos quedamos en shock 2 o 3 minutos, en los que no decidíamos qué hacer. ¿Estaría Dilia gastándonos una broma o esas tres horas eran de verdad? ¿Y si venía la familia? ¿Y si ella regresaba? ¿Y si...?
Tenía su boca a dos centímetros de la mía y veía sus ojos embelesado, con el corazón adolescente latiendo a ritmo de samba, sabiéndome dueño de una oportunidad que no debía desperdiciar y que –estaba claro por su actitud- Laura tampoco pensaba perderse. Se despejaron las dudas y salimos del trance para entrar en un juego exquisito y que hasta hoy, 12 años más tarde, recuerdo como uno de los momentos más increíbles de mi vida.
Su lengua saboreó deliciosamente mi boca. Un cosquilleo ardiente se diseminó desde mi pene hacia la nuca, recorriendo en un escalofrío mi espina dorsal hasta sentir un golpe seco en la base del cráneo; no es posible estar más excitado, así que respondí tomándola por la cintura y atrayéndola rápida pero suavemente hacia mí. Estábamos de pie y cuando la abracé sintió mi erección, poderosa, evidente, típica de esa edad. Eso la encabritó y su beso se hizo invasor, nuestras manos recorrían la piel del otro por debajo de la ropa y allí, por primera vez, sentí sus senos tibios, tras deshacerme del sostén que los aprisionaba.
Saqué su blusa y los lamí tiernamente. Eran pequeños pero muy firmes, con areolas rosadas y una textura celestial. Ella a esta altura ya me había sacado la camisa y acariciaba mi pecho haciendo pequeños pellizcos cerca de las tetillas. Mi excitación crecía a cada instante y sentía cómo todo mi cuerpo se electrizaba con cada roce de Laura.


La falda no duró nada en su lugar. Me quité rápidamente el pantalón y los interiores e inmediatamente después me arrodillé frente a ella. Su vello púbico era castaño claro y formaba una pequeña mata que despedía un olor único, que sólo he sentido en ella. Como llevado por una fuerza superior, deslicé mi rostro por la almohadilla peluda que cubría sus labios vaginales. Podía ver entre ellos una fisura muy rosada y húmeda, que empezaba a apretarse contra mí. Ávida, mi lengua se introdujo entre los labios mayores y hallé un clítoris que sobresalía un poco del conjunto. Lo lamí con poca pericia pero mucho ardor, porque bastante había leído acerca de ese maravilloso órgano femenino.
Sin embargo, yo no aguantaba más. Había un sofá sin brazos en la sala, de modo que me la llevé cargada hasta allá, porque Laura apenas pesaba 47 kilos, y yo 60 o más... la deposité en el sofá e inmediatamente intenté penetrarla, pero Laura era virgen, una extraña sorpresa para mí. Me encajé con fuerza en la entrada de su vagina y comencé a moverme lentamente para que se acostumbrara a la presión de mi pene sobre el himen inmaculado. Ella no sintió dolor o lo disimuló muy bien mientras estuve intentando perforarla pero, apenas logré traspasar la tenue barrera, lanzó un grito terrible. Sin embargo me sostuvo las caderas con las manos y me pidió que me quedara quieto allí adentro. Mientras una lágrima le resbalaba, tuvo aún humor para decirme: "¡si lo sacas ahora te dejo!" y yo obedecí.
Al cabo de unos minutos durante los cuales nos distrajimos gozosamente entre besos y caricias, cara a cara, me pidió que la cabalgase. Entonces sentí la mayor delicia en este mundo: el frote de sus paredes alrededor del pene, estrechándome, abriéndose lentamente para darme paso, resbaladizas y firmes en torno al glande, humedeciendo el tallo y la base alfombrada con mi propio vello.
Me movía sobre Laura y ella ¡estaba gozando!. Por encima de la irritación de su reciente desfloramiento, su cuerpo le enviaba señales de placer y pude ver cómo su cara se torcía hacia atrás, dejando los ojos en blanco y, poco después escuché un segundo grito, tan profundo como el anterior pero sin rastros de dolor. Le llegó un orgasmo con el que casi perdió el sentido. Sus ojos en blanco, la convulsión de su cadera y sus uñas atravesándome casi la espalda fueron un estímulo extra que rompió mi resistencia, sintiendo entonces que debía salir de ella cuanto antes, para no tener que criar niños. Salí violentamente de ella mientras salían chorros de semen desde mis entrañas, e iban a caer sobre el tenso abdomen de mi novia, quien me veía complacida por su gozo y el mío.
Inmediatamente me acurruqué con ella en el sofá y hablamos del amor, de nuestras vidas, de lo hermoso que fue. Hicimos promesas imposibles.
Dilia llegó, efectivamente, a las 5 de la tarde. Nos despertó suavemente, porque habíamos caído en un plácido sueño de pareja. Lo primero que vi fue su rostro maquillado y sus labios muy rojos. Después de la modorra inicial, recordé que estaba desnudo, y, entre excusas, cubriéndome y tratando de cubrir a Laura, buscaba con la vista la ropa, que estaba en la cocina, pero no lo recordaba. Dilia estaba muerta de risa y me dijo que me tranquilizara:
¿saben qué hora es? Hace como media hora que los vi dormidos, y me gustó como se ven ustedes juntos, hacen una linda pareja, ella blanca, tú moreno. Incluso sentí deseo de tocarte pero Laura es mi amiga. –dijo, con un guiño- Así que no te tapes más, ya te vi bastante.
A pesar del discursito, prácticamente corrí hasta la cocina para vestirme cuanto antes. Lo mismo hizo Laura aunque más tranquila. Seguramente ya su amiga la conocía desnuda.
Nos despedimos un poco atolondrados por la situación y nos fuimos por la calle muy felices, eufóricos, riendo a cada cruce, a cada calle, hasta que llegamos a la casa de Laura. Allí nos despedimos con una felicidad superior a cualquiera que recordáramos y finalmente, regresé a casa.
Me procuré una toalla y me desvestí en el baño, para ducharme. Fue entonces cuando noté dos grandes anillos de rojo carmín que rodeaban mi pene.


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